Bailo con desgano descendiendo hacia el vacío
donde resbalan
insólitas versiones
de todo
lo que dicen que pudo ser mío
los
disfrazados de la calle Admoniciones.
¡Ahí
van los carnavales de fementidos sermones!
Cayendo la comparsa se me hizo ruido,
hasta ser eco del absurdo que me ha seguido
para
ofrecerme en la caída sin final
el
solaz de un amante circunstancial.
¡Y yo con mi permanente licencia carnal!
De
pronto, versos de apatía aparente
enfrentan
furiosos tanta inmensidad
nada
ahí abajo ven y no miran hacia arriba
para
acomodar los ojos a la oscuridad.
¡Mis
enormes pupilas crecieron así!
Por un
bache de la calle desaparecí,
disfrazando
el tropezón –se sabe de qué.
¡Tru-la-lá!
No hagan llorar al pomo por mí,
soy
negramente feliz y no regresaré.

No hay comentarios:
Publicar un comentario