Bienvenido tu programa en el mío
en el gran globo digitalizado
para canales incomunicados
por satélites de afectos reprimidos,
miedo e intolerancia, aborto de sentido.
Sentido, prefiero el de tus palabras
que me abrigaron del frívolo frío,
enseñándome a ver que para embrutecer
basta cesar de querer aprender
y de aceptar desafíos.
Así, por ejemplo, me puse a explorar
lugares nuevos para mi literatura.
Y hoy si te acercas, a la distancia,
puedo guiarte por mis líneas lúbricas
sin caer víctima del ansia.
Que no me apura pulsión carnal
ni me anima codicia alguna,
y mi mimosa, púdica pasión es dual:
animal y vegetal, bajo el sol y la luna.
Fin del espacio comercial.
Nos encontramos en este hiperrmercado
donde más vale que falte el que sobre,
donde a la tracción a sangre de pobre
la succión por la red ha superado
con sus bases de datos a engorde.
Señor@s que al fin y al cabo enloquecen
más allá de sus razones bien fundadas,
de tanto juntar y rejuntar a paladas
el fruto de la inutilidad con que abastecen
de chucherías las vidas calcadas.
Un cementerio nacido de un jardín,
donde deseos y sueños pisoteados
se pudren sin fin y sin propósito,
mientras ofrecen cual sustituto preciado
una suma de intereses de depósito.
Y aun así son palabras de panfletista
que te reconocen y te saludan.
¿Acaso me ha hackeado un optimista
que ha leído en esta suerte de boluda
el presente talentoso de una artista?
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