Déjate impregnar de mi cariño inmaculado,
amo sin vergüenza y sin reparos.
En la cuerda floja, entre los bichos raros
que paren paradojas.
Déjate sacar de la lengua las astillas
que te dieron por dulces en tus pesadillas,
que al curarte me hago fuerte y se me quitan
las falsas cicatrices de silencio en mis heridas.
Déjate en la sencillez de mi propuesta
librar de la complejidad que apesta
a sabiduría y prédica moderna
que enseña a sanar y es tan enferma.
Déjate llevar, déjate traer, empujar, jalar
con física y mojada reciprocidad,
como las conchas por las olas en las orillas
donde viene a gemir la inmensidad.
Déjate servir pura carne de poesía
en este banquete de versos a la vida.
Déjate pedir un bocado boca a boca
y une tu eón al de los labios que te tocan.

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